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¿Por qué el mundo religioso siempre se opone a la nueva obra de Dios y la condena ferozmente? (I)

Las dos veces que Dios se ha encarnado para caminar por la tierra y llevar a cabo la obra de salvar al hombre ha sido objeto de la máxima resistencia, la condena y la feroz persecución de los líderes del mundo religioso, un hecho que ha dejado perpleja y hasta conmocionada a la gente: ¿Por qué cada vez que Dios despliega una etapa de una nueva obra recibe siempre este trato? ¿Por qué los que se oponen a Dios de forma más feroz y agresiva son los líderes religiosos que leen la Biblia una y otra vez y han servido a Dios muchos años?

¿Por qué aquellos líderes religiosos que la gente considera los más devotos, fieles y obedientes a Dios son en realidad incapaces de ser compatibles con Él y, por el contrario, siempre actúan de forma perversa y son Sus enemigos? ¿Quizá Dios cometió algún error en Su obra? ¿Quizá las acciones de Dios no se atienen a razones? ¡Por supuesto que no es así! Hay dos razones fundamentales por las que varias denominaciones y sectas tienen personas que cumplen la función de oponerse a Dios y convertirse en Sus enemigos, y las mismas son: en primer lugar, además de carecer de la verdad y de conocimiento de la obra del Espíritu Santo, estas personas tampoco tienen conocimiento de Dios, siempre se amparan en su conocimiento limitado de la Biblia, en las teorías teológicas y en las nociones y fantasías de la gente para definir la obra de Dios, que siempre es nueva y nunca vieja. En segundo lugar, puesto que la humanidad está profundamente corrompida por Satanás, tiene una naturaleza arrogante y engreída, es incapaz de obedecer la verdad y valora, sobre todo, el estatus. La combinación de estos dos aspectos conduce a la tragedia de la humanidad, que renuncia al camino verdadero y lo condena una y otra vez a lo largo de la historia.

Echemos la vista atrás a hace dos mil años: cuando el Señor Jesús se encontraba en medio del pueblo judío hacía muchos milagros, ayudaba al hombre curando a los enfermos y expulsando a los demonios, predicaba el evangelio del reino de los cielos, enseñaba a la gente el arrepentimiento y la absolvía de sus pecados. Todas estas cosas no se recogieron en el Antiguo Testamento y, asimismo, constituyeron una obra que nadie había llevado a cabo hasta entonces. Por supuesto, también eran cosas que nadie podía llevar a cabo porque, aparte de Dios, no hay ninguna persona con la autoridad y el poder necesarios para hacer cosas así. Lo que hizo el Señor Jesús entonces fue asumir personalmente los pecados del hombre siendo crucificado para que este pudiera salvarse y redimirse del pecado, le otorgó al hombre una gracia rica y abundante, paz y gozo, y lo liberó de las normas de la ley mediante la obra de la nueva era, en la que al hombre ya no se le castiga por no ser capaz de cumplir la ley. La gente sometida a la ley sólo puede alcanzar la salvación de Dios y no ser aniquilada si obedece la obra del Señor Jesús. Pero los sumos sacerdotes, escribas y fariseos del judaísmo no conocen la obra del Espíritu Santo, no entienden qué clase de obra lleva a cabo el Señor Jesús; en su opinión creen que no obedecer la ley y no orar en el nombre de Jehová Dios es lo mismo que traicionar a Dios, lo que es sencillamente indignante. Además, alardean de ser fervientes lectores de la Biblia y siervos de Jehová Dios en el templo desde hace muchos años y creen que aquello a lo que se aferran es la verdad y el camino más puro y, por tanto, para ellos la obra del Señor Jesús va en contra de la Biblia, infringe la ley y es un camino que se aparta de la Biblia; por eso prefieren morir antes que aceptar el camino que difunde el Señor Jesús. Incluso consideran que la obra del Señor Jesús es una “herejía”, una “secta satánica” y que “engaña al hombre”. Pese a que la obra y la palabra del Señor Jesús tienen autoridad, poder y sabiduría, pese a que los milagros que el Señor Jesús manifestó no tienen precedentes en la historia, pese a que cada vez más gente da testimonio de las obras del Señor Jesús y del hecho de que Él es el Mesías que vendrá, ellos siguen sin estar dispuestos a estudiar y buscar el camino más elevado y, por el contrario, persisten en sus puntos de vista y con altivez y rotundidad niegan que el Señor Jesús sea Cristo, que Él sea el Mesías que vendrá. Es tal como Dios Todopoderoso ha revelado: “El hombre sólo es capaz de aceptar un tipo de obra, o una forma de práctica. Resulta difícil para él aceptar la obra, o las formas de práctica, que están en conflicto con él, o que son más elevadas que él; pero el Espíritu Santo siempre está haciendo nueva obra, y así aparecen grupo tras grupo de expertos religiosos que se oponen a la nueva obra de Dios. Estas personas se han vuelto expertos, precisamente porque el hombre no tiene conocimiento de que Dios siempre es nuevo y nunca viejo ni de los principios de Su obra, y, menos aún de las muchas formas en las que Dios salva al hombre. Como tal, el ser humano es totalmente incapaz de distinguir si esta obra procede del Espíritu Santo, y si es de Dios mismo. Muchas personas se aferran a una actitud en la que, si se corresponde con las palabras que vinieron antes, la aceptan, y si hay diferencias con la obra anterior, se oponen a ella y la rechazan” (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Para comportarnos como creyentes en Dios, como mínimo debemos tener un corazón que venere a Dios y hambre y sed de justicia; sólo así podremos recibir la iluminación del Espíritu Santo, comprender la nueva obra de Dios y seguir de cerca Su huella. Pero esos sumos sacerdotes, escribas y fariseos del judaísmo han tenido contacto con el Señor Jesús muchas veces aunque, sencillamente, nunca para buscar la verdad. Siempre están ideando formas y medios de tentar al Señor Jesús para conseguir algo que utilizar contra Él. Son todos iguales porque no tienen conocimiento de Dios y porque sostienen ciertas nociones acerca de Su nueva obra, mientras que Natanael, la samaritana, los discípulos y el pueblo llano que siguen al Señor Jesús son capaces de dejar de lado sus nociones para buscar la verdad. Así pueden conocer la identidad de Cristo, reconocer la voz de Dios, obedecer y aceptar la verdad y volver ante el rostro de Dios. Con esta comparación vemos claramente que las principales personalidades del mundo religioso judío no sólo son obstinadamente conservadoras, sino también arrogantes y engreídas, pues básicamente no aceptan la verdad y, desde luego, no la obedecen. Aquí se encuentra uno de los motivos de su oposición a Dios.

Además, a medida que más judíos de a pie comienzan a seguir al Señor Jesús, a los sumos sacerdotes, escribas y fariseos les preocupa cada vez más perder su lugar en el corazón del pueblo llano. Cuando el pueblo ya no los idolatra ni sigue se ponen cada vez más nerviosos, pues la autoridad y el poder de las palabras y la obra del Señor Jesús están fuera de su alcance, palidecen a su lado y les hacen sentir avergonzados de sí mismos, de modo que cada vez tienen una mayor sensación de crisis: el Señor Jesús no tendría que vivir más que un día para que entonces todavía más gente del pueblo llano los abandonara y siguiera al Señor Jesús, y habría menos gente en el templo, por lo que ellos no podrían seguir disfrutando de una vida en la que se les sustenta y mantiene como a nadie. Esto convierte al Señor Jesús en una aguja clavada en sus ojos o una espina en sus carnes, lo convierte en un enemigo que no puede vivir en el mismo mundo que ellos. A fin de salvaguardar su posición, piensan en todo lo que pueden hacer y usan todo tipo de métodos despreciables para presentar acusaciones falsas contra el Señor Jesús. Blasfeman contra la obra del Señor Jesús y la condenan, lo difaman y calumnian a Él diciendo que expulsa a los demonios junto con Belcebú y levantan falso testimonio al acusarlo de hablar en contra del lugar santo y la ley (ver Hechos 6:10-14). Costara lo que costara, iban a desterrar al Señor Jesús del pueblo judío y al final lo clavaron despiadadamente en la cruz. Cuando el Señor Jesús resucitó, se apareció a Sus discípulos y, cuando difundieron el evangelio, hubo poder y milagros, unos hechos que bastan para verificar que ese camino tiene la obra del Espíritu Santo, que se apoya en el Espíritu Santo ¡y que es el camino verdadero! En esas circunstancias, aquellos sumos sacerdotes, escribas y fariseos seguían sin reflexionar sobre lo siguiente: ¿cómo podía triunfar tanto el evangelio del Señor Jesús? En realidad, aquellas personas que son expertas en la Biblia y se consideran “respetables” simplemente creen que es degradante buscar y estudiar esas cosas con los pescadores aldeanos y los plebeyos ignorantes sin cultura ni estatus, e incluso actúan hipócritamente en nombre “del respeto a la ley y la defensa del camino verdadero”, mientras continúan aprovechando el poder que tienen a su alcance confabulándose con los gobernantes para intensificar la ferocidad de su represión, persecución y masacre de los apóstoles y los judíos plebeyos que siguen al Señor Jesús. Hacen todo lo que está en su mano para impedir que la gente siga al Señor Jesús; incluso prohíben terminantemente propagar el nombre del Señor Jesús… A fin de salvaguardar su posición y sustento, verdaderamente no hay delito que no cometan, lo cual es el otro motivo de su feroz oposición y condena al Señor Jesús. Por supuesto, sus malas acciones despertaron la intensa furia de Dios y ellos han sufrido Sus castigos. Toda la estirpe judía lleva casi dos mil años siendo una nación vencida, lo cual es el doloroso precio que ha pagado por oponerse y condenar a Dios.

 

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

 

Continuará…

 

Parte Dos: ¿Por qué el mundo religioso siempre se opone a la nueva obra de Dios y la condena ferozmente? (II)

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