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Evangelio de hoy miércoles 26 de septiembre de 2018 | Marcos 16:15

¿Saben por qué los cristianos difunden el Evangelio?

Muchas personas han encontrado el siguiente fenómeno: La mayoría de los verdaderos creyentes en el Señor, luego de creer en Dios, divulgarán el evangelio, harán su trabajo y establecerán iglesias con su mayor confianza; incluso hay algunos que nunca se casan en toda su vida para divulgar el evangelio; Algunos creyentes que tienen familias incluso renuncian a sus disfrutes familiares, al afecto conyugal y a la atención de sus hijo para divulgar el evangelio…. Algunas personas piensan que estas conductas son incomprensibles y no saben por qué ellos creen en Dios tan fervientemente. Creer en Dios en casa no les impide hacer dinero o apoyar a su familia, y también pueden disfrutar la felicidad familiar con sus seres queridos y además, pueden ingresar al cielo después de morir. ¿No es esta una elección perfecta? Al contrario, cuando difunden el evangelio en todas partes, a menudo se enfrentan al ridículo y a la calumnia, e incluso sufrirán el arresto y persecución del PCCh ateístico, deambulando y se vuelven incapaces de regresar a sus hogares. Entonces, ¿qué poder les incita a seguir el camino de la divulgación del evangelio?
¿Por qué los cristianos divulgan el evangelio?
De hecho, la razón por la cual los cristianos difunden persistentemente el evangelio bajo diversos entornos difíciles es principalmente porque han entendido la voluntad de Dios y conocen sus misiones y deberes. Por tanto, todos los cristianos que verdaderamente crean en Dios y entiendan la voluntad de Dios pueden apartar a sus familias, matrimonios, juventud y los gozos de la carne por el evangelio de Dios.
El versículo apunta, “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). “Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20). De estas palabras del Señor Jesús, podemos ver que Él intentaba dejar que sus discípulos y seguidores difundieran Su evangelio a fin de que todas las naciones y personas pudieran recibir Su redención. Cuando el Señor Jesús trabajaba en Judea, Israel, sólo hubo un pequeño número de judíos que admitieron que el Señor Jesús era Cristo. Y los discípulos no creyeron verdaderamente que el Señor Jesús fuese Cristo hasta que Él resucitara tres días después de la crucifixión y luego se le apareciera a Sus discípulos durante 40 días. Como podemos imaginar, la mayoría de los judíos en ese momento no reconocían que el Señor Jesús era el Dios encarnado. Por tanto, luego que el Señor Jesús terminara la obra de redención, a fin de que más personas recibieran Su redención, los discípulos y seguidores del Señor necesitan difundir Su evangelio hasta los confines de la tierra, de modo que los Gentiles pudieran recibir Su salvación. Por tanto, los discípulos de ese momento, luego de aceptar la encargo del Señor, difundieron el evangelio del Señor a todas las tribus y naciones, incluso la mayoría de ellos fueron martirizados: Mateo murió al clavársele una espada por la espalda por un sicario; Santiago fue decapitado; Pedro fue crucificado de cabeza; Andrés fue clavado en la cruz en forma de “X” .... En este proceso, el evangelio del Señor se expandió rápidamente. Además, cuando los misionarios extranjeros evangelizaban en China,uno de sus anfitriones también fue martirizado. Bajo tales circunstancias, por fin los chinos escuchaban el evangelio del Señor Jesús. Así que, después de eso, los cristianos en China comenzaron a apresurarse a divulgar el evangelio. Obviamente, es el compromiso más correcto que los discípulos y profetas del pasado ofrecieran sus mentes y cuerpos, y que los cristianos de hoy día sacrifiquen todo por el evangelio. Justo como el Señor Jesús dijo, “... En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna” (Marcos 10:29-30).
Divulgar el Evangelio es el Deber sagrado de los cristianos
Divulgar el evangelio es lo que Dios nos ha encargado y es el deber sagrado otorgado por Dios. Por una parte, es en bien de rescatar almas. Y por la otra, es para que nosotros acumulemos buenas acciones. Como la parábola dicha por el Señor Jesús en Mateo 25, diciendo que un hombre viajaría a un país lejano, y luego llamaba a sus siervos y les entregaba sus bienes de acuerdo a su capacidad: a uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno. Los dos primeros comerciaron con ellos e hicieron dinero. Después que el amo regresó, los alabó como buenos y fieles siervos, permitiendo que gobernaran sobre muchas cosas y compartieran su alegría. Pero, en lo que respecta al sirviente que recibió un talento y cavó en la tierra para ocultarlo, su amo lo llamó como el siervo malo y negligente, echándole a las tinieblas de afuera (Ver Mateo 25:14-30).
Aquí sabemos, Dios nos ha dado un encargo a cada uno de nosotros. Aunque nuestros dones de Dios son diferentes, deberíamos intentar lo mejor para cooperar con Dios. Así como algunos hermanos y hermanas tienen el don de predicar; algunos tienen el don de cantar; otros tienen el don del evangelismo.... Todos nosotros no debemos escatimar en esfuerzos para la obra del evangelio de Dios. Si tomamos la creencia en Dios como una clase de fe, teniendo sólo reuniones cuando estamos felices, orar a Dios cuando enfrentamos dificultades, ofrecer un poco cuando obtenemos la gracia de Dios pero no consagramos nuestra propia porción a la obra más importante del evangelio, entonces finalmente seremos abandonados por Dios, como aquel malo y negligente siervo que recibió un talento de su amo. Por tanto, divulgar el Evangelio es un asunto importante. En lo que concierne a aquellos que abandonan su juventud, carreras, padres, hijos e incluso son encarcelados y martirizados por la obra evangelista, aunque padezcan los malentendidos de muchas personas e incluso sean rechazados y condenados, aún así es innegable que sus esfuerzos y sacrificios son recordados por Dios y vale la pena emularlos. Ellos son los que muestran la mayor consideración con la voluntad de Dios. Por otra parte, Dios no está complacido con que simplemente disfrutemos su gracia y bendiciones pero no nos importe su voluntad. Espera que sus creyentes puedan emerger para darlo todo por la obra evangelista.
Una profecía del Apocalipsis dice, "Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7). Cuando el Señor Jesús regrese, Él predicará el evangelio eterno al hombre en la tierra. Si aceptamos y luego esparcimos el evangelio a todas las naciones y a todas las personas, nos convertiremos en quienes le importa la voluntad de Dios y disfrutaremos sus bendiciones en el reino de Dios. Al final ciertamente ganaremos la más grande atención y protección de Dios cuando acabe el desastre, recompense al bueno y castigue al negligente.

Recomendación:Estudios biblicos profundos

 

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